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Día del Trabajo en Perú: historia, informalidad y la lucha pendiente por trabajo digno

Día del Trabajo en Perú: historia, informalidad y la lucha pendiente por trabajo dignoV
Día del Trabajo en Perú: historia, informalidad y la lucha pendiente por trabajo digno

El Día del Trabajo no nació como una fecha decorativa ni como un simple saludo institucional. Nació de una herida social: la de millones de trabajadores que entendieron que el tiempo, el cuerpo y la vida no podían seguir siendo sacrificados en nombre de la productividad.

Cada 1 de mayo recordamos una lucha histórica por condiciones laborales justas, pero también abrimos una pregunta incómoda para el presente: ¿qué significa trabajar hoy cuando tener empleo no siempre garantiza estabilidad, salud, descanso, derechos ni futuro?

En el Perú, esta pregunta es urgente. Porque el trabajo sostiene al país, pero demasiadas veces el país no sostiene a quienes trabajan.

El origen: cuando el tiempo obrero se volvió una batalla

La raíz moderna del 1 de mayo se encuentra en las luchas obreras de fines del siglo XIX. En Estados Unidos, organizaciones de trabajadores exigían que desde el 1 de mayo de 1886 la jornada de 8 horas fuera considerada una jornada legal de trabajo. Esa demanda impulsó huelgas y movilizaciones masivas, especialmente en Chicago, donde el conflicto de Haymarket terminó convirtiéndose en símbolo internacional de la lucha obrera.

La consigna era clara y profundamente humana: 8 horas para trabajar, 8 horas para descansar y 8 horas para vivir. No se trataba solo de reducir horas; se trataba de reconocer que el trabajador no es una máquina, que el cuerpo tiene límites y que la vida no puede quedar encerrada en la fábrica, la oficina, la calle o la plataforma digital.

En 1889, la Segunda Internacional adoptó el 1 de mayo como fecha de movilización internacional por los derechos laborales, consolidando una memoria mundial que hasta hoy sigue activa.

Perú y la jornada de 8 horas: una conquista empujada desde abajo

En el Perú, la jornada de 8 horas tampoco fue un regalo. Fue una conquista empujada por sindicatos, huelgas, organización obrera y presión popular. La historia laboral peruana recuerda el papel de los panaderos, textiles, obreros urbanos y federaciones obreras en la conquista de este derecho.

La lucha por las 8 horas en el Perú tuvo antecedentes importantes desde inicios del siglo XX, con movilizaciones como las de la Federación de Obreros Panaderos “Estrella del Perú” y otros sectores laborales. En enero de 1919, bajo el gobierno de José Pardo, se reconoció oficialmente la jornada de 8 horas, luego de una intensa presión obrera.

Por eso, recordar el Día del Trabajo en Perú no es mirar el pasado con nostalgia. Es reconocer que cada derecho laboral conquistado tuvo detrás organización, conflicto, conciencia y valentía.

Trabajo decente: más que “tener chamba”

La Organización Internacional del Trabajo define el trabajo decente como la posibilidad de acceder a un empleo digno, con derechos, protección social y diálogo social. No basta con tener una ocupación: importa cómo se trabaja, cuánto se gana, qué protección existe y si el trabajador tiene voz colectiva.

Esa idea es clave para entender el Perú actual. Porque un empleo puede existir y seguir siendo injusto. Puede dar ingresos, pero no estabilidad. Puede ocupar el día entero, pero no ofrecer protección. Puede exigir productividad, pero destruir la salud mental. Puede llamar “emprendedor” a quien en realidad trabaja sin red de seguridad.

Por eso, hablar de trabajo digno es hablar de salario, descanso, seguridad, salud, formalidad, derechos colectivos y posibilidad real de proyectar una vida.

Perú 2025/2026: trabajar no garantiza vivir mejor

Las cifras recientes muestran una paradoja: el empleo puede crecer, pero la calidad del empleo seguir en deuda. Según el INEI, en 2025 la población ocupada del Perú llegó a 17 millones 575 mil 200 personas, con un crecimiento de 1,5% frente al año anterior. La tasa de desempleo nacional fue de 4,9%, pero afectó con mayor fuerza a mujeres, jóvenes menores de 25 años y personas con educación universitaria.

El problema central no es solo cuántas personas trabajan, sino bajo qué condiciones trabajan. Perú sigue cargando una de sus mayores deudas estructurales: la informalidad. Reportes recientes, basados en datos del INEI, señalan que cerca de 7 de cada 10 trabajadores peruanos se encuentran en empleo informal, lo que implica menor acceso a CTS, seguro, pensión y otros mecanismos de protección.

La OCDE también ha advertido que la informalidad afecta a más del 70% de trabajadores y empresas en Perú, limitando la productividad, la recaudación fiscal y la calidad del empleo.

América Latina: el empleo volvió, pero la calidad sigue en deuda

El problema no es solo peruano. América Latina y el Caribe enfrentan un desafío común: crear empleo no siempre significa crear trabajo digno. El Banco Mundial señala que, aunque la creación de empleo ha ayudado a reducir pobreza en la región, el problema de fondo sigue siendo la calidad del trabajo. Entre los trabajadores pobres de América Latina y el Caribe, 8 de cada 10 permanecen en empleos informales, sin beneficios, seguridad ni oportunidades reales de movilidad.

La OIT ya había advertido que la informalidad es un detonante de pobreza laboral en la región: muchas personas trabajan, pero siguen siendo pobres porque sus empleos son inestables, mal remunerados o sin protección.

La pregunta entonces no es solo cómo generar empleo. La pregunta crítica es: ¿qué tipo de empleo estamos normalizando?

Títulos de precariedad: cuando estudiar tampoco garantiza futuro

Una de las señales más duras del mercado laboral peruano es el crecimiento del subempleo profesional. Según La República, en Lima más de 328.000 egresados universitarios trabajan con bajos ingresos o sin estabilidad, una cifra que evidencia una desconexión profunda entre educación, mercado laboral y oportunidades reales.

Esto golpea especialmente a jóvenes que fueron educados bajo una promesa: estudiar para progresar. Pero hoy muchos descubren que el título no siempre abre la puerta a un empleo digno. A veces abre la puerta a deudas, prácticas mal pagadas, contratos frágiles o trabajos que no reconocen la formación adquirida.

Aquí aparece una contradicción peligrosa: un país que forma talento, pero no siempre sabe absorberlo; que exige experiencia, pero no ofrece condiciones; que habla de productividad, pero desperdicia capital humano.

Estabilidad laboral: el silencio más caro

Otro problema central es la estabilidad. En campaña política se suele prometer empleo, pero se discute poco sobre temporalidad, fiscalización, seguridad y salud en el trabajo. Un informe de Horizonte Laboral, recogido por Infobae, advirtió que ninguno de los 34 planes de gobierno revisados abordaba reformas estructurales capaces de reducir la informalidad laboral. Además, solo 5 de 32 propuestas analizaban la duración de los contratos temporales y apenas 3 trataban seguridad y salud en el trabajo.

La rotación laboral no solo precariza el ingreso. También rompe proyectos de vida, debilita la organización colectiva y limita el aprendizaje productivo. Sin estabilidad, el trabajo deja de ser proyecto y se vuelve supervivencia.

Salud mental y seguridad: el cuerpo no puede ser el costo oculto

La salud mental se ha convertido en una de las caras más visibles de la crisis laboral contemporánea. Infobae reportó que, según datos citados del Instituto Nacional de Salud Mental, el 70% de peruanos sufre estrés crónico y 1 de cada 6 presenta síntomas de burnout.

El agotamiento no es solo cansancio individual. Muchas veces es el resultado de un sistema que exige productividad infinita sobre cuerpos finitos. El mismo informe señala que el estrés sostenido afecta concentración, toma de decisiones y capacidad de respuesta. Además, en 2025 se registraron más de 37.900 accidentes laborales, de los cuales 280 fueron fatales, según cifras atribuidas al Ministerio de Trabajo.

La seguridad laboral no puede quedarse en charlas, carteles o protocolos decorativos. Requiere fiscalización, inversión, prevención real y poder efectivo para detener tareas inseguras.

Plataformas, reparto y calle: trabajadores visibles, derechos invisibles

La economía digital prometió autonomía. Pero en muchos casos entregó riesgo individualizado. Repartidores, motorizados, ambulantes y servicios por app sostienen la ciudad, pero no siempre cuentan con la misma red de protección.

El algoritmo puede convertirse en un jefe invisible: asigna, evalúa, sanciona y decide oportunidades, pero muchas veces no negocia ni responde. En paralelo, debates sobre reformas laborales en sectores tecnológicos muestran que la palabra “flexibilidad” puede tener dos caras: puede significar adaptación moderna, pero también disponibilidad permanente, fronteras borrosas entre trabajo y vida, y debilitamiento de derechos.

La pregunta no es si la tecnología avanza. La pregunta es si ese avance amplía derechos o moderniza la precariedad.

Género, cuidados e inclusión: la desigualdad también trabaja

La clase trabajadora no es homogénea. Mujeres, madres, cuidadoras, personas con discapacidad y población LGBTIQ+ enfrentan barreras particulares dentro del mercado laboral.

En Perú, el empleo informal afecta más a las mujeres: datos del INEI para julio 2024-junio 2025 indican que el 73,3% de mujeres ocupadas tenía empleo informal, frente al 68,7% de hombres.

Además, el trabajo de cuidado no remunerado limita disponibilidad, trayectoria laboral y acceso a protección social. La OCDE también advierte que la brecha de género en participación laboral en Perú continúa siendo mayor al promedio de la OCDE.

La inclusión laboral de personas con discapacidad sigue siendo una deuda profunda: el MTPE informó que a junio de 2025 más de 13 mil personas con discapacidad accedieron a empleo formal, pero también reconoció que aún existen barreras importantes por superar.

En el caso de la población LGBTIQ+, un reporte de Infobae señaló que el 46,8% de personas LGBTIQ+ reportó haber perdido oportunidades laborales o educativas clave por discriminación.

Una agenda laboral sin enfoque de género, diversidad e inclusión deja intacta una de las raíces más duras de la desigualdad.

Retos hacia 2040: formalizar no basta, dignificar sí

La estrategia laboral hacia 2040 plantea una meta ambiciosa: alcanzar una tasa de empleo formal del 50% de la PEA ocupada. Según La República, esta estrategia se apoya en pilares como capital humano, mejora normativa, fiscalización laboral, protección social, diversificación productiva y cultura de formalidad.

Pero formalizar no basta si la formalidad no dignifica. Un empleo formal también puede ser precario si no garantiza ingresos suficientes, estabilidad, salud, tiempo, protección social y diálogo colectivo.

El reto no es solo meter más trabajadores al sistema. Es construir un sistema que no los desgaste, no los silencie y no los deje solos.

Cultura, reggae y trabajo: conciencia también es producción

Desde Zion Perú, hablar del Día del Trabajo también es hablar desde la cultura. Porque el reggae siempre cantó al pueblo trabajador: dignidad, resistencia, comunidad y memoria.

Desde el roots reggae, la música ha funcionado como periódico espiritual de barrios, migrantes, obreros y pueblos en resistencia. Ha narrado la injusticia, pero también ha organizado conciencia. Ha denunciado el abuso, pero también ha sembrado esperanza.

Por eso, hablar de trabajo desde la cultura no es evasión. Es raíz. Es denuncia. Es memoria. Es una forma de recordar que el pueblo no solo produce riqueza: también produce música, lenguaje, comunidad, cuidado, historia y futuro.

Cierre: que no se apague la esperanza, pero que tampoco se duerma la lucha

El Día del Trabajo no debería reducirse a un saludo frío ni a una imagen institucional. Es una fecha para agradecer, sí, pero también para pensar, cuestionar y organizarnos.

Porque el trabajo digno no es una meta lejana. Es una lucha viva.

Recordar el 1 de mayo es mirar atrás con memoria, mirar el presente con conciencia y mirar el futuro con esperanza crítica.

Que no se apague la esperanza,
pero que tampoco se duerma la lucha.


Fuentes consultadas

  • Organización Internacional del Trabajo — trabajo decente, justicia social y derechos laborales.
  • Britannica y Library of Congress — origen del 1 de mayo, Haymarket y jornada de 8 horas.
  • Historia de la jornada de 8 horas en el Perú y movimiento obrero peruano.
  • INEI — población ocupada, desempleo nacional y desempleo juvenil en Perú 2025.
  • INEI / Infobae — informalidad laboral en Perú y acceso limitado a protección social.
  • OCDE — informalidad, productividad, brecha de género y retos estructurales del Perú.
  • Banco Mundial — empleo, pobreza e informalidad en América Latina y el Caribe.
  • La República — subempleo profesional en Lima y estrategia laboral al 2040.
  • Infobae — salud mental, burnout, estabilidad laboral, planes de gobierno y exclusión LGBTIQ+.
  • MTPE — inclusión laboral de personas con discapacidad.
  • Informáticos.ar — debate sobre reforma laboral, sector IT y precarización digital.

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